jueves, 25 de julio de 2013

3 de junio 2013

Esta fecha se ha convertido en la más importante de mi vida.

Ya no me importa cuándo se descubrió América, ni en qué año comenzó la Revolución Francesa...ni siquiera mi fecha de cumpleaños. El 3 de junio es especial. Es el día que conocí a la persona más especial en mi vida, a quien me haga lo que me haga lo voy a amar toda mi vida: nació mi hijo Adrián.

Fueron casi 9 meses de espera (nació diez días antes porque fue cesárea, eso tal vez lo cuente en otro post) y creo que jamás voy a olvidar cuando lo escuché llorar y luego cuando nos vimos por primera vez. Lo pusieron en mi pecho y nunca voy a olvidar ese par de ojitos de mirada penetrante poniendo todas sus esperanzas y su vida (literalmente) en mí. Yo creo que en ese instante todas las madres, o casi todas, quedamos enamoradas de nuestros hijos; y es por eso que ellas se convierten en el único ser humano que realmente nos ama y nos perdona TODO.

A partir de ese día fue que realmente sentí que entré a la edad adulta: ya hay un pequeño ser que depende de mí. Pero fue también a partir de ese día que he empezado a cuestionar todo lo que hago. Me da miedo equivocarme, me siento insegura y me pongo a llorar. No, no me arrepiento de ser mamá, simplemente me da miedo no ser lo suficientemente buena para mi hijo.

Ya en estos casi dos meses me he ido adaptando a la idea de ser mamá. Aunque debo admitir que a veces siento que tengo a mi yo en el olvido. Pero, ¿qué no es eso lo que hace una madre "abnegada"? Se olvida de sí misma para buscar lo mejor para sus hijos. O al menos eso es lo que yo siempre he visto en mi mamá. Entonces, ¿por qué no puedo ser yo así? ¿Por qué me aburro de sólo cambiar pañales, lavar biberones y dar de comer? ¿Por qué me preocupa el que no me quede mi ropa de antes, el no poder iniciar una dieta o no hacer ejercicio? ¿Soy una mala mamá?

Por eso empecé este blog. Siempre me ha gustado la escritura y me he dado cuenta a lo largo de los años que desahogarme por medio de las letras ha sido mejor terapia que ni el mejor psiquiatra de mi pueblo. Así que aquí estoy, escribiendo. Aprendiendo a ser mamá. Sin instructivo, sólo el instinto y las ganas de darle a mi hijo lo mejor.


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