miércoles, 4 de diciembre de 2013

6 meses

Creo que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que se me ocurrió escribir aquí. Tal vez pueda echarle la culpa a la falta de tiempo, los cambios en mi vida y demás etc. La verdad es que no me sentía con ánimos para hacerlo. Siempre decía: mañana escribiré, mañana tendré ganas de hacerlo...pero no.

Y no, no es por cuestiones del pequeño Panqué. La verdad, debo considerarme una mamá muy afortunada ya que me tocó un pequeño angelito; esto fueron más cuestiones de otro tipo que prefiero no poner aquí. Este espacio es exclusivo para hablar de mi aprendizaje como mamá.

No pienso considerarme una experta ni nada por el estilo en eso de la crianza, ya que para empezar no soy psicóloga ni nada que se le parezca y además, llevo siendo madre lo que lleva mi hijo de nacido; así que mucha experiencia no tengo...voy aprendiendo sobre la marcha.

Pues bien, el Panqué ya cumplió 6 meses, como lo dice el título de la entrada. Ya superó los problemas que tuvo los primero tres meses: reflujo, cólicos, una intolerancia terrible a la lactosa y el andar experimentando con diferentes marcas de leche, hasta que dimos con la adecuada.

Ahora el pequeño ya tiene sus horarios de sueño más establecidos. Eso no significa que yo ya duermo a pierna suelta. Ya sé que más o menos  un tiempo después de su baño duerme (alrededor de las 7-7.30 pm), aunque hay veces (como ayer y hoy) que la hace de emoción y no se quiere dormir hasta pasadas las 10. Eso sí, para despertar es muy puntual ya que lo hace a las 6.30 de la mañana; aunque ya hicimos hábito de que se tome su primer biberón a las 7 a.m.

Ya me acostumbré al rollo de ser mamá. Aprovecho todo el tiempo que tengo disponible (que la verdad, es muy poco, pero lo aprovecho) para poder lavar biberones, o la ropa...o incluso leer o bordar esa colchita que parece que  nunca terminaré (la empecé aún antes de saber si tendría niño o niña...o sea, la colchita en enero cumple 1 año y aún no la termino). Y claro, ya hemos aprendido (el Panqué y yo) a salir juntos y convivir con mis amigos, ya sea al café o a comer (la regla de oro que ya se saben mis amigos es: debo regresar a mi casa a más tardar a las 6 de la tarde para poder bañar al pequeño). Cada vez somos más independientes: ya vamos al mandado solos (al principio me aterraba la idea...ya sé, puedo ser un poco paranoica), al doctor y pues, básicamente estamos más adaptados el uno al otro.

Y en cuanto a mi persona: ya soy capaz de tomar un baño antes de las 9 de la mañana (antes si me iba bien, me bañaba a la una de la tarde), me siento más relajada e incluso ya uso la ropa de antes del embarazo.

No digo que todo ha sido fácil, pero me he dado cuenta que es una aventura y se debe disfrutar lo bueno, lo malo, lo fácil y lo difícil. Al final de cuentas, tanto mi hijo como yo estamos aprendiendo.

No hay reglas escritas en esto de la maternidad. Y pues, a pesar de que según yo leí un montón de cosas sobre el embarazo, la lactancia y ser mamá; creo que lo que más me ha servido es el instinto y el amor hacia mi pequeño.

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